Crónicas desde Honduras. La primera de Alba C.: en el ecuador de la adaptación
Parece mentira que ya hayan pasado 17 días desde que aterrizamos. A veces siento que llevo aquí mucho más, pero cada día hay al menos una cosa que me recuerda que acabo de llegar. Para escribir he puesto en los cascos una playlist en la que he ido guardando canciones que he escuchado en los trayectos de coche de las salidas con Coddeffagolf. Estoy sentada en una colcha que he puesto en el suelo de la sala y que ahora es “el salón”. Llevaba un poco mal que el tiempo que pasábamos en casa fuese en la cama, en horizontal, en la oscuridad, con el aire acondicionado. Dicho así parece más dramático de lo que es, pero era algo que no me imaginaba. ¡Ahora ya está solucionado! Tenemos salón.
Voy a contar cómo han sido estas semanas repasando mi diario de recuerdos. Creo que ser PCR empieza antes de llegar. ¿Por qué llevo tanto suero fisiológico? ¿Para qué tantos medicamentos? son preguntas que sigo sin resolver, y comienzo a pensar que mi médica y mi amiga Raquel quizá hayan sido demasiado prevenidas. O quizá no, aún no lo sé. Irte de tu casa para vivir tres meses en un lugar entendido como inestable e inseguro por el imaginario colectivo de tu país y que ,además, está a más de 8000 kms conlleva ciertas ansiedades colectivas y propias. Sentí tanta tensión antes de irme que, en cierto modo, llegar aquí fue un alivio.
No creo que nunca me olvide de los primeros momentos con Rubén y Alba V. en el aeropuerto. Como se suele decir, llevábamos las mochilas cargadas de ilusión y ganas; aunque las cargábamos en piloto automático. Un vuelo de 11 horas en la misma fila que los que iban a ser mis mejores amigos, forzados pero verdaderos, todo el verano -invierno aquí- y unas horas en el coche con Raquel Z. desde Palmerola después, llegamos a San Lorenzo. Me cuesta recordar cuál fue mi primera impresión más allá del calor, creo que se debe a lo cansada que estaba. Lo que sí recuerdo es el momento de salir del aeropuerto con una estampa preciosa de familias con pancartas y globos recibiendo a sus seres queridos que entiendo, algunos, vendrían en nuestro vuelo. También recuerdo las frutas que nos dejó Rina en el apartamento: el primer gesto de amabilidad de muchos que acumularía en los siguientes días.
Los primeros días nos dedicamos a descansar, aprender a usar el aire, aprendernos las calles de San Lorenzo, comer un par de baleadas, y ver alguno de los maravillosos atardeceres del Golfo. En nuestro segundo día hubo un apagón en San Lorenzo y pasamos el día en Choluteca. Ese fue el día en que empecé a darme más cuenta de la influencia de EEUU aquí; y de las marcadas desigualdades sociales. Desde ese día no paro de verlo en todas partes. También compramos muchas cosas, demasiadas. Entre ellas, mucha ropa de segunda mano. Yo venía apenas sin ropa porque no tenía muy claro el dresscode y venía avisada de que se estropeaba mucho. También hicimos nuestra primera compra en La Colonia, conseguimos nuestras tarjetas del móvil… Aún era todo pura gestión.
El primer fin de semana lo pasamos en Amapala, con las primeras sensaciones de ya estar insertos en la experiencia. Todo fue muy bucólico y nos encantó, también gracias a Elena, que ya llevaba casi un mes en Honduras. Aunque volvimos con leves problemas digestivos, teníamos muchas ganas de ir el lunes a Coddeffagolf. Ese lunes fue el único día tranquilo de la semana. A partir de ahí, nos metimos de lleno en el frenético pero pausado ritmo de trabajo de los compañeros de la oficina, y en él seguimos. Y encantados.
Mi primera salida de campo fue el martes a El Tulito, Choluteca con Carlos, a hacer un monitoreo de aves con los comunitarios en la laguna La Alemania. La intención es enseñarles a hacerlo por su cuenta. Su acogida e inclusión conmigo fue muy reconfortante, y la actividad me encantó,¡aprendí mucho!.
El miércoles tuve la suerte de asistir a una reunión de los pescadores artesanales de Aguas Calientes, El Triunfo y los técnicos de Digepesca mediada por Coddeffagolf. Allí pude entrar de primera mano en contacto con la realidad de este sector económico, de gran relevancia local, con sus múltiples y heterogéneas tensiones y demandas. También fue un gran aprendizaje para mí ver las habilidades de mediación de Nohelia.
El jueves fui por primera vez a una Escuela de Incidencia Política en Marcovia, Choluteca. Allí pude colaborar con las comunitarias y los técnicos en un taller de Resolución de Conflictos Comunitarios coordinado por Donaira. Fue una experiencia reveladora: por un lado, descubrí las dinámicas de intervención social de la ONG, las cuales me fascinaron; y por otro, tomé conciencia de los retos que atraviesa la comunidad de Cedeño, Choluteca, sobre todo en temas de adaptación climática, manejo de desechos, educación y seguridad ciudadana.
El viernes fue un día increíble. Fuimos de nuevo a Amapala, esta vez con Astrid y compañeros del ICF. Gracias al monitoreo de arrecifes pudimos conocer sitios muy entrañables del litoral insular como “Piedra cagada” y la Isla El Pacar; así cómo aprender a pescar de la mano de varios pescadores locales. También a registrar las parguetas, diversos rucos, peces sapo… Fueron unas 6 horas de pesca con devolución para monitoreo muy entretenidas, donde la compañía y el paisaje fueron irremplazables.
El fin de semana decidimos descansar y quedarnos en San Lorenzo. Aunque salimos a pasear bastante, todos los tiempos muertos que pasamos en casa hicieron que el apartamento 1, finalmente, se convirtiese del todo en hogar. Alba V. y yo creemos que, en realidad, un sitio no es hogar hasta que puedes estar un día entero, o casi, en él sin hacer ¨nada¨.
La semana 2 en Coddeffagolf transcurre de manera parecida a la anterior. Hasta la fecha he participado en dos talleres sobre Violencia contra la mujer, uno de ESF Galicia en colaboración con Aecid; y otro en el marco de la misma Escuela de Incidencia Política que mencionaba la semana pasada.
También fui a una exploración de áreas para reforestación en la Bahía de Chismuyo, donde Dulci y yo nos quedamos anonadadas con la altura de los manglares, y aprendimos sobre la vegetación. Sobrevolar todo con los drones nos dió una perspectiva preciosa del paisaje; y hablar con Doña Chago nos ayudó a entender los desafíos locales, pasados y presentes.
¨La casona¨ fue un lugar reseñable de la Bahía, aunque todo el plástico acumulado allí por la subida de las mareas era desolador. Ello me lleva al núcleo de lo que creo que es la reflexión más importante que he hecho en estos días. Desde mi mentalidad de ser de España, el plástico que se ve en muchos sitios aquí es más ¨agobiante¨ porque es contaminante de una manera visible y explícita; sin embargo, a menudo no me resulta tan sumamente desolador el consumo masivo, por ejemplo, de ropa, en España, cuya contaminación es menos trazable pero con un impacto ambiental desmedido.
Para terminar, ya que Aminta dice que siempre aparece en las primeras crónicas de los PCR y no salimos juntas aún (a campo), una mención especial a ella, por su manera de hacernos a todos sentir como en casa desde el primer momento.

Atardecer en Amapala

Bahía de Chismuya, dirección Agua Fría.
Lagunas artificiales de camarón.

Vista aérea de la Bahía de Chismuya

El colega Ricardo del ICF volando su dron en la Bahía de Chismuya

Actividad de empoderamiento femenino en Escuela de Incidencia Política

Laguna La Alemania

Lancha aparcada en “La Casona”

Página de mi cuaderno de recuerdos

Página 2 de mi cuaderno de recuerdos


Pescadores en el litoral insular de la Isla del Tigre

Semilla de Mangle






















